“Siento la brisa en mi rostro. ¿Puedo sentirla? Supongo que sí, sí que puedo.
El sol hace rato que desapareció y la
luna… oh… la luna no está, supongo que no quiere ser testigo de lo que esta
noche ha de acontecer. El tiempo comienza a cambiar, lo sé. Esta noche va a
llover, quizás Dios llora porque sabe que lo que va a ocurrir es inevitable.
Dios… hay quien cree en él y hay quien no… ilusos… creáis o no el destino es el
destino y lo que puede romperse debe romperse. Ja… y yo en su día creí… creí en
su salvación, en su misericordia… pero solo hay un Dios verdadero…
Puedo oír el ruido del motor, de los
neumáticos, y también puedo oír la súplica de los cielos, estrellándose en el
suelo, esparciéndose en mil pedazos. Quizás no llore, quizás quiera hacerme la
tarea más fácil. Veo a lo lejos las luces, debo de darme prisa. Las gotas
golpean mis ropajes, pero estos no se mojan, mejor, así iré más rápido. Se trata de un pequeño coche amarillo, sucio
y viejo… y lleno de vida. Me aproximo y me aferro al capo sin mucho esfuerzo,
por que así debe ser. Acecho a los ocupantes del coche: son cuatro. Dos de
ellos están durmiendo… que pobres desgraciados… no son conscientes de lo que está
ocurriendo. De todas maneras presiento que van drogados, quizás aún despiertos
creerían estar en el país de las maravillas. Pero el conductor es interesante…
está disfrutando… y ha bebido… no, no, no… no se debe conducir sobrio, ¿nunca
se lo dijeron? El muchacho está en la flor de la vida, joven , bastante bien
educado… pero no le gustan las normas, no le gustan las reglas, se ve que no le
gusta vivir. Espera… ella… a su lado… es perfecta. Cabello a la altura de los
hombros, bajita para su edad, pero bien compensada. Su cabeza… está llena de
planes, llena de ideas… ojala pudiera verle el rostro, pero no puedo… su
silueta, su energía, su vitalidad… solo tengo esa información... ¡y es
suficiente! Quizás esto requiera unos planes de última hora… quizás debo
pensarme mi estrategia… pero el tiempo se agota, el tiempo se les agota… su
vida debe ser mía, ¡como sea! Debo pensar, debo meditarlo. Me subo encima del
coche y dejo que el automóvil me lleve
mientras yo me detengo a discutir conmigo mismo.
¿Perdonarles? Nunca.
¿Salvarles? Ni pensarlo.
¿Dejarlo al azar? Es arriesgado.
¿Avisarles? No, no me gusta, y es
complicado.
¿Observar sin más? Bueno, tampoco es
que quede mucho tiempo.
En unos segundos, en la siguiente
curva, encontraran un pobre animal, un zorro, creo… y el conductor hará el
resto. Si, cada vez está más cerca, no puedo esperar a oír el volantazo… los
neumáticos quemándose… el coche dando vueltas y chocando contra el suelo… el
sonido imperceptible de huesos quebrándose y los tejidos rompiéndose y
vapuleándose… el silencio que llega con ese indescriptible chasquido… ese
último latido… el último suspiro… música para mis oídos. Ya es la hora.
Lo veo, está ahí, buscando comida,
cuidando de sus crías… pero ellos no los ven, de momento. Es la hora, tengo que
concentrarme, llego mi turno.
El volantazo. Si, los ha visto, y su
instinto prefiere salvar la vida de ese ser inferior a la suya y de su preciosa
novia.
Los neumáticos se queman y chirrían.
Oigo como se golpean contra los asientos.
El coche gira… ¿gira? No gira, ¿Qué
ocurre? Oh, me lo temía, el conductor es muy bueno, incluso yendo alcoholizado.
Estos humanos no dejan de sorprenderme… pero sus almas son mías. Doy un gran
brinco y avanzo casi un kilómetro hacia delante. Con elegancia caigo sobre la
carretera y de una de mis mangas comienza a sobresalir esa hoja tan preciosa
que tan malestar causa a los que la ven. El coche se acerca y yo debo dar el
golpe de gracia. Hacedme caso, nunca queráis ver que hay debajo de la capucha.
Mis dedos se aferran a mi capucha y con un ligero toque esta se desprende durante
unos segundos. Demasiado para el pobre chico. Oigo sus gritos, los cuatro me
han visto, han debido despertarse con el primer volantazo… pero ahora viene el
segundo.
De nuevo el olor a quemado… y esta
vez se separan del suelo.
Huesos rotos.
El coche da una vuelta entera.
Oigo la sangre brotar, creo que al
menos dos se han cortado con los cristales.
Da otra vuelta.
Un corazón deja de latir… ¿Un golpe
en la cabeza?
La última vuelta.
Solo grita el conductor, los demás
están muertos o inconscientes. La sangre no para de fluir. Los huesos dejan de
resquebrajarse durante unos segundos.
Un árbol, que oportuno. El sonido al
chocar casi me deja sordo, ha sido demasiado. Demasiados sonidos, demasiadas
sensaciones… y solo queda el silencio.
Y sus almas.
La del conductor está más cerca…
vaya… creo que no está entero, ha debido partirse en dos el cuerpo.
Los dos de atrás aún siguen dentro
del coche, aún no ha explotado. Ups… pronto hable…
Prefiero no hacer referencia al
espectáculo que es un coche con cuatro personas dentro volando por los aires.
Desde luego el olor es horrible. Ya llevo tres.
¿Y la chica? No la siento.
Me doy la vuelta y allí esta. Debió
salirse del coche por una puerta rota debido a su pequeño tamaño… pero… tiene
algo atravesándole el pecho, ¿Por qué les gusta a los humanos conducir ataúdes
de metal?… los de madera no te desfiguran ni trocean al dar vueltas.
Me acerco a ella… pero… ¡está viva!
¡NOOOOOOO!
¡Maldita sea! ¿¡Por que vive!?
Bueno, no le queda mucho tiempo, sus
heridas son mortales… ¿pero qué? Porco destino… un coche se acerca, debo
ocultarme.
Malditos sean los buenos samaritanos,
se para y todo a observar… igual le gusta lo gore… pero no, coge su teléfono y
llama rápidamente a urgencias. ¿Debería encargarme ya de la chica?
No, las normas son las normas. El
destino así lo ha querido.
Tendré que seguirla hasta el
hospital…
…
…
..
¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Tonto de mí por
casi desaprovechar la oportunidad! Esta humana es la respuesta a mis problemas…
y yo casi la mato, ja, ja, ja.
Querida mía… espero que los médicos
de la ciudad sean competentes. Por qué a partir de esta noche tu vida… será mía…
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